Disfruten de su relación

¿Puede una droga prohibida salvar un matrimonio?

10 min de lectura
Mantener un matrimonio exitoso no es fácil. Requiere de trabajo. En nuestro caso, también requiere de drogas.

Sasha y su esposa Ann / Imagen de Vice

Mi esposo y yo nos inspiramos a probar el MDMA de Alexander Shulgin, conocido como Sasha, un farmacólogo y químico de San Francisco que se especializó en sintetizar y bio-analizar componentes psicoactivos en sí mismo y en sujetos voluntarios.

Él y unos amigos estuvieron en el “Reno Fun Train” en 1976, dirigiéndose a Tahoe para pasar un fin de semana de apuestas y holgazanería. Sus compañeros estaban tomando alcohol, pero en vez de unírseles, Sasha tomó de un frasco diferente que contenía 120 miligramos de MDMA. Él describió la sensación así: “Me siento absolutamente limpio por dentro y no hay nada más que pura euforia. Nunca me había sentido tan bien ni había creído que era posible.”

Sasha, quien se refirió a la droga como su “martini de bajas calorías”, lo compartió con un amigo, Leo Zeff, un psicoterapeuta que entrenó cientos, quizás aún miles, de terapeutas alrededor de Estados Unidos en cómo usar MDMA como una herramienta en sus prácticas. Sasha y su esposa, Ann, una colega de Zeff, se refirió al MDMA como un empatógeno o entactógeno, una droga que aumenta los sentimientos de comunión emocional y empatía, permitiendo una apertura de comunicación.

Esto, dicen ellos, es lo que la hacía ideal para las parejas. Les permitía discutir temas potencialmente dolorosos o divisivos sin detonar sentimientos de miedo o amenaza, sino de amor. ¡Una droga del amor!

Desde 1976 hasta 1981, el MDMA se mantuvo como un secreto virtual entre las redes de psicoterapeutas que lo encontraban como una herramienta profundamente importante, especialmente en el tratamiento de las parejas, pero que dudaban de publicar o publicitar sus descubrimientos con el temor de precipitarla a la criminalización. Inevitablemente, sin embargo, se dio a conocer de boca en boca entre los usuarios recreacionales.

En 1981, un grupo de químicos en el área de Boston -conocidos como el “Boston Group”- renombraron la droga como “Éxtasis” o “XTC” e incrementaron el ritmo de producción, sacando en estampida miles de pastillas coloridas decoradas con caracteres parecidos a los de los dulces SweeTarts de Willy Wonka. En 1983, uno de sus distribuidores, con el respaldo financiero de inversionistas de Texas, incrementó masivamente tanto la producción como la distribución de esta. El “Texas Group” hacía inmensas “Fiestas de Éxtasis” en bares y clubes, haciendo circular posters y volantes, y mercadeando agresivamente la droga. En 1985, como los psicoterapeutas lo predijeron, la DEA inscribió el MDMA en la lista de drogas controladas, Schedule I, terminando así con casi una década de exitoso uso terapéutico.

Cuando por primera vez empecé a considerar tomar el MDMA, mi esposo y yo teníamos cuatro hijos pequeños, unas carreras ocupadas y déficits de sueño que retaban el concepto de empatía, mucho más su práctica confiable.

Estábamos estresados y a pesar de que nunca habíamos considerado nuestro matrimonio como otra cosa que muy feliz, definitivamente nos estábamos comunicando mucho menos que antes de tener hijos.

Nos sentíamos un poco, como solíamos decir, capataces en una fábrica de horarios tambaleantes. Nos pasábamos los niños el uno al otro con suficientes instrucciones para facilitar la transición y luego nos dirigíamos a cada uno de nuestros trabajos. Cuando estábamos solos los dos, estábamos desgastados y exhaustos, llenos de cereal de bebé y suposiciones de vómito, y a pesar de que disfrutábamos nuestra compañía, durante muchos momentos perdíamos la sensación de intensa comunión que solíamos tener.

Pero, a pesar de lo convincente que era la posibilidad de abrir líneas de comunicación en una circunstancia de mejorar la empatía y el amor, a mi esposo y a mí nos tomó años encontrar la valentía para probar la droga.

Yo tenía miedo del MDMA. No quería tener un “mal viaje” y no quería morir. Pues resulta, que mientras uno no sea tan estúpido de conseguir las pastillas con un extraño de ojos locos que tiene un chupete colgando de su cuello, la droga es relativamente segura, incluso en dosis altas, pero han ocurrido fatalidades, incluyendo entre jóvenes adultos saludables. El MDMA eleva la temperatura del cuerpo e inhibe la termorregulación natural, incrementando el riesgo de un ataque cardiaco.

Por esta razón, probablemente lo peor que se puede hacer bajo la influencia del MDMA es bailar salvajemente en un cuarto lleno de gente o bajo el sol de un desierto. El MDMA puede, también, incrementar los latidos del corazón y elevar la presión sanguínea, volviéndolo peligroso para aquellos que sufren de presión alta o problemas cardiacos. Adicionalmente, el MDMA puede causar retención de agua. Así que, por ejemplo, si uno lo toma en un rave y luego toma mucha agua para contrarrestar la posibilidad de deshidratación, uno puede sufrir de hiponatremia o toxicidad con agua.

Por otra parte, el MDMA ciertamente afecta al cerebro.

Sabemos esto porque la tolerancia se desarrolla con su uso repetido y puede, eventualmente, volverse crónica. Los usuarios asiduos no experimentan los efectos positivos de la droga, no importa cuántas pastillas “se metan”. Aunque no hay una respuesta clara del por qué ocurre esto, muy probablemente se debe a algún proceso neuroadaptativo. Esto quiere decir, en términos más claros, que el MDMA cambia la química del cerebro de alguna manera, aunque no sabemos si estos cambios son destructivos o problemáticos.

Sin embargo, nunca ha ocurrido una fatalidad o tan siquiera una herida cuando el MDMA es usado en un escenario cuidadosamente monitoreado. Mi esposo y yo decidimos que, si modelábamos nuestra experiencia con MDMA respecto a aquella desarrollada por terapeutas como Zeff, éramos cuidadosos con regular la temperatura y nuestra toma de agua, y poníamos en el lugar un plan de emergencia, podríamos tomar la droga de manera segura.

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Nos preparamos con anticipación para nuestra primera experiencia con MDMA. Contratamos una niñera confiable y madura que cuidara a nuestros hijos por tres días e hicimos todos los arreglos para que una de las abuelas estuviera a una llamada de distancia en caso de emergencia.

Después de asegurarnos que el cuidado médico de emergencia estuviera preparado en el evento de una mala reacción, manejamos por la Costa hacia un pequeño hotel en la playa, nos chequeamos en un cuarto espartano, pero cómodo y colapsamos prontamente sobre la cama en una inconsciencia dichosa.

La siguiente mañana, salimos a caminar por los acantilados sobre la playa. Cuando estábamos exactamente a una media hora de distancia del hotel, nos tomamos las pastillas. Mi estómago se apretó en pánico tan pronto como tragué la droga. ¡Olviden la investigación! ¿Qué tal si mi fluido espinal se desvanecía? ¡Ya lo podía sentir evaporándose! ¿Qué tal si mi cerebro se sobrecalentaba? ¡Un huevo frito! ¡Así es como se ve un cerebro drogado! Lo daba por seguro, ¡porque Nancy Reagan me dijo eso!

“Mírame” me dijo mi esposo. Me tomó por los hombros y miró en mis ojos. Sus pupilas todavía no estaban dilatadas.

“Esto es bueno” dijo. “Nada malo va a pasar”.

“¿Lo prometes?”

“Lo prometo.”

Un par de respiraciones después, como la niebla se levantaba sobre el pacífico, caminamos lentamente de vuelta a nuestra habitación. Nos desvestimos, nos metimos en la cama y esperamos por el mejor sexo de nuestras vidas. La droga se llama Éxtasis por una razón, ¿no cierto?

No del todo. El MDMA ciertamente aumenta los sentidos. Hace que el tacto se sienta glorioso. La droga llegó, por primera vez, como una ola de calidez, como un cosquilleo sensual. Incluso me mojé. Pero ninguno de los dos experimentamos ese profundo despertar sexual que habíamos anticipado.

De hecho, nada sobre la experiencia fue como la habíamos imaginado.

No movimos la cama como una bola de demolición. No bailamos trance hasta un estupor fatal sobrecalentado. No vimos hadas bailando en el cielo, ni ninguna alucinación visual. La droga no es alucinógena.

Lo que hicimos fue hablar. Por seis horas, hablamos sobre nuestros sentimientos por el uno y el otro, por qué nos amamos, cómo nos amamos. Hablamos sobre lo que sentimos cuando nos conocimos por primera vez, como nuestra conexión emocional creció y se profundizó, cómo todavía la podíamos profundizar. La mejor forma que tengo para describirla, es que nos transportamos emocionalmente al comienzo y a los días más excitantes de nuestra relación, al periodo de nuestro encaprichamiento más intenso, pero con toda la compasión y la profundidad de la familiaridad de una década de compañía. Nos vimos el uno al otro claramente, nos amamos profundamente y nos regodeamos en este amor recíproco.

Esta sensación no duró por horas o por días, sino por meses. De hecho, la verdad es que duró para siempre. Tomamos la droga desde ese entonces, cada dos años, cuando sentimos que necesitamos recargar las baterías de nuestra relación. Aunque la experiencia nunca ha sido tan intensa, ha sido un método confiable de conexión, de limpiar los desechos del día a día para entrar al corazón de lo que importa. Y el corazón es amor.

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He sido honesta con mis hijos sobre el MDMA. Les he dicho que ha sido útil para su padre y para mí, que es una droga muy especial, aunque sus amigos lo usen ingenuamente. Les he advertido que la vasta mayoría de lo que llaman MDMA o Molly en el mercado, es metanfetamina, o bien, algo más tóxico. Si ellos consumen MDMA, deben testearlo primero. Si no puede establecer a través de una prueba que la droga es pura, no deben arriesgarse tomándola.

También he aconsejado a mis hijos sobre los peligros que el MDMA representa para la auto-regulación de la temperatura y la toxicidad con agua, y también les expliqué que es por esto que no deben usar la droga en un rave o en una fiesta, sino en pequeños grupos en un cuarto fresco. O, mejor aún, uno a uno, con alguien que amen.

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Háganlo como nosotros lo hicimos, les digo a mis hijos. No malgasten esa primera experiencia. Guárdenla para su alma gemela. Yo anticipo que ellos tomarán este consejo tan bien como toman mis consejos sobre qué ponerse, con quién salir o sobre hacerse un tatuaje, pero me gustaría que ellos me escucharan esta vez. Porque tu primera vez, realmente debería ser especial.

Copyright © 2017 por Ayelet Waldman. Todos los derechos reservados. Extraído de sus memorias, A REALLY GOOD DAY: How Microdosing Made a Mega Difference in My Mood, My Marriage, and My Life, publicado en Enero del 2017, por Alfred A. Knopf, Inc. Todos los derechos reservados. Traducido del inglés al español por Duety y extraído del newsletter gratuito “Lenny Letter: The Healing Issue”, 3 de enero del 2017 | Letter No. 67.

Ayelet Waldman es la autora de A Really Good Day: How Microdosing Made a Mega Difference in My Mood, My Marriage and My Life.

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