Hablen el mismo lenguaje

La idea detrás de “Los 5 lenguajes del amor”

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Poniendo mi escepticismo Millennial a un lado, me siento conmovida por el famoso libro del Dr. Chapman.

Cuando se me ocurrió la idea de Duety, nunca pensé que el juego de los “Matripuntos” a través de una aplicación móvil pudiera trascender más allá de un tema viral de momento entre mis amigos y alguna que otra persona.

Pero un día, hablando con una amiga que le encantan los matripuntos, mencionó un libro que le había ayudado mucho en su relación de cinco años con su novio. Me dijo “deberías leerte la teoría de ‘Los cinco lenguajes del amor‘, porque creo que con los puntos se puede entender mejor en lenguaje primario de cada uno. Ahora que trabajas por las relaciones, debería volverte experta”.

No otro libro basura sobre cómo arreglar la vida, por favor” -pensé para mí misma.

PERO MOMENTO. ¿Quién soy yo en el tema de relaciones para decir que las teorías de los demás son una basura?

Nunca en mi vida había leído un libro de auto-ayuda de relaciones. Nunca antes había buscado ayuda profesional o genuina sobre relaciones, más allá de ver cómo mis ex-colegas de trabajo calculaban sus acumuladas de puntos para gastárselos en la fiesta de diciembre de la empresa. Estaba juzgando desde una plataforma vacía.

Así que después de tragarme mis propias palabras y rendirme ante mi sentido de curiosidad, lo busqué. Además, no hay nada como pasar soltera dos años (después de una relación de cuatro) como para retroceder un paso atrás y estar abierta a un cambio de perspectiva.

Cuando miré los conceptos básicos de la teoría, me preguntaba, ¿será que con estas herramientas habría podido salvar mi relación?

Pero también me hizo preguntarme: ¿cómo logramos vivir nuestras jóvenes vidas tomando todo tipo de cursos para construir habilidades nuevas, como economía del hogar, cocina y conducción, pero nunca nos ofrecen una oportunidad de fomentar relaciones saludables y amorosas?

Después de leer “Los cinco lenguajes del amor” y meditar sobre mi propio pasado, estos son los tres aparentemente simples y aplicables aprendizajes que saqué de este perspicaz libro:

  1. La comunicación es absolutamente todo en una relación, es el objetivo, el medio y el fin.

Si no te estás comunicando efectivamente con tu pareja, se están programando inevitablemente para el fracaso. Todos tenemos formas diferentes de interpretar el amor.

Y sí, Freud y todos sus amigos tenían razón, porque todo depende de cómo nos criaron nuestros padres. Si las palabras no eran el fuerte del hogar pero sí el contacto físico, por ejemplo, muy probablemente nos vamos a sentir mucho más cómodos demostrando el amor con caricias que con halagos. Esencialmente, el conflicto en una relación bulle desde qué tan conectados o no estamos con nuestra pareja y “los cinco lenguajes del amor” explica cómo hablar el lenguaje del otro y comunicar el personal para lograrlo.

Fuente: Pexels

2. Como tu pareja demuestra el amor no es un reflejo de lo que quiere de vuelta.

El lenguaje primario de mi ex-novio hacia mí eran la palabras de afirmación, un lenguaje que mostraba frecuentemente. Sin embargo, lo que él quería de vuelta eran demostraciones de amor en la forma de contacto físico. Mientras que las palabras de afirmación eran muy apreciadas por él, darle mi presencia física sin interrupción habría traído mucha más satisfacción a nuestra relación.

Al leer esto me sentí abrumada por muchas sensaciones, confusión, arrepentimiento y anhelo. Sin embargo, sé que eso era lo que debía vivir para apreciar otras relaciones y tener la madurez suficiente para expresar mis necesidades sin pretender ni creer que hacerlo signifique cambiar al otro.

3. Los lenguajes del amor te abren los ojos por completo a entender lo que pasó en tus relaciones pasadas y te prepara para nuevas.

Por ejemplo, durante años sacaba tiempo de donde no tenía para demostrarle que me importaba. Sacrificaba algo de sueño o descanso, incluso dinero que tampoco tenía, para sorprenderlo en su ciudad cuando estuvimos a distancia durante un tiempo y amaba hacerlo de esta manera. Me sacaba de quicio que yo llegara y me dijera solo “¿Qué haces aquí?” o “¿No me dijiste que no ibas a venir?” y me recibiera como si fuera una visita protocolaria que venía incluida en la rutina de la relación. Esa no era la reacción que yo quería. Al sacar tiempo para él, yo estaba diciéndole “me importas mucho” y “¿qué haces aquí?” no era una buena respuesta a esa.

Cuando me di cuenta que el “tiempo de calidad” no era su lenguaje, de repente todo tuvo sentido de dónde se me acabó el amor por él. Yo valoro el “tiempo de calidad” por encima de todo y nunca tomé en cuenta las otras formas en las que estaba siendo amada y las que él me pedía, que era mucho “contacto físico”. Yo me encerraba en mi cabeza a refunfuñar y no sabía interpretar todo lo demás. 

Escrito por Oriana Castro, fundadora y directora ejecutiva de Duety. Caleña y Publicista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá.

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